21 August 2008

Volver

Volver
Con la frente marchita,
las nieves del tiempo platearon mi sien.

Sentir
que es un soplo la vida.
Que veinte años no es nada.
Que es febril la mirada.
Errante en las sombras,
se busca y se nombra

Vivir
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo que lloro otra vez

El otro día regresé a la ciudad (porque andaba fueras) altamente hambrienta y sin ganas de cocinar ni dinero suficiente ni ganas de sentarme sola en algún lugar de sushi ni de pasar por hamburguesas desde la comodidad de un auto, ni de gastar crédito de mi hermoso celular para pedir pizza ni nada realmente… y con ganas de platicar, sentarme, decir que qué cansada estaba para que alguien me preguntara que porqué, contar chistes bobos, ver las olimpiadas y comer algo que supiera muy rico. Y nada, llegué a la que ahora se ha convertido en la casa de mis papás, porque ya realmente hace mucho que no es mi casa, y como se me ha hecho costumbre, me comí unas quesadillas con “el mejor queso del mundo” que es el que mi abuelito bautizó así y que hace en su magnífico rancho con muchas vacas y perros, del que he sacado fotos maravillosas con la cámara de mi mamá (y que no me ha pasado porque mi mamá tiene muchos problemas de conectividad) y en el que he desayunado el mejor huevo con salsa misteriosa molcajeteada con sus sacrosantas manos de adorado abuelito cocinero. Podría comer de esas quesadillas forever. Y esa salsa… ay, creo que estoy babeando.

En fin, que yo me estaba aprovechando un poco del internet casero y mi mamá sacó de quien sabe donde unos videos en VHS y unos aún en Beta (!) de su boda donde ella está toda bonita y mi papá con una cara de adolescente enamorado (aunque tenía como 28, creo) que no puede con ella, de festivales escolares, cumpleaños SemiGabescos, de vacaciones en Puerto Vallarta que se convierte en León II todos los veranos y de tomas de unas niñas encantadoras y unas bebeses latosas que seríamos mis hermanas y yo cuando aún no conocíamos nada de hombres ni de corazones rotos (las más chicas supongo que siguen sin saber nada de eso; qué bueno) y cuando reventar burbujas en el patiecito era una gran ocupación. De esos videos que ves con una tontísima sonrisa gigante y aguantando poquito las ganas de llorar que dan si andas en tus días. Estúpidas hormonas. Hmpf. Videos en los que no existen las peleas ni la tristeza ni las ganas de salir corriendo de esa casa en la que creciste, en los que se hace muy evidente por qué terminamos siendo como somos ahora.

Yo era una pequeñuela y encantadora ñoñaza SemiGab con pelo de Principito, que hablaba muy poco pero siempre con una abrumadora perfección y construcción de frases que ciertamente no iban con mi edad. Supongo que esas son razones suficientes para en la escuela me molestaran y me dijeran que yo era un niño porque no tenía el pelo largo. Tan sabios, mis queridos compañeritos que nunca leyeron el Principito, sólo habían visto los dibujos. En ese entonces me leía todos los libros de historia y los almanaques mundiales porque me encantaba, y me sabía las capitales de todos los países de América y Europa antes de que nos obligaran a conocerlas. Me pasaba tardes completas haciendo consultas en una vetusta Encarta 97 que era entonces, uff, tecnología de super punta y que tardaba años en arrancar, y ganaba siempre en los jueguitos de música del mundo y de memorama de cuadros famosos y sus autores. Me sorprendía sobremanera que en las casas de mis amigos sólo hubiera en los libreros ejemplares incompletos de enciclopedias feas que tenían capa sobre capa de polvo porque no eran ni siquiera un adorno que mereciera la pena sacudir. Omaigot. Qué ñoña era. Soy. Sigo teniendo una Encarta en mi lap. Soy la fan número uno del Pequeño Larousse Ilustrado. Le patearía el trasero a cualquier persona (que no fuera de mi familia) jugando Maratón porque estoy llena de conocimiento que la verdad no me sirve para nada más que para ganar en el Maratón. En mi familia nadie dice cosas mal porque se arriesga a una carrilla eterna y burlas socarronas hasta el día de su muerte en el que seguramente alguien pondrá en su lápida que llegó a decir munedas o vinistes. Alguna vez muy ebria en alguno de mis cumpleaños ya más “adultos” le dije a mis amigos que yo era la Real Academia de la Lengua. Jajaja. Desde entonces me hacen consultas porque se les olvida que las palabras graves son las que tienen la sílaba tónica en la penúltima sílaba y se acentúan sólo si no terminan en N, S o vocal.

Yo había archivado de mí una imagen infantil horrenda, con montañas de recuerdos penosos y tuve que hacer lo que cualquier persona que intenta mantener su sanidad mental haría: lo negué todo y esquivé mis recuerdos durante un tiempo en el que cambié tanto que ahora puedo ser objetiva cuando veo a la SemiGabita de entonces. Suficientemente objetiva para poder reconocerme y admitir que sigo siendo la mocosilla callada y solitaria que piensa demasiado y que por eso parece distraída, que observa con demasiado detalle y que hoy es treinta veces más desconfiada que antes. Sigo siendo la paliducha enfermiza que lloraba por todo con lágrimas gigantes, la cara roja y los ojos bien hinchados, porque no hay un modo elegante de llorar por algo que de verdad duele: una raspada en la rodilla o un hoyo en medio del pecho donde se supone que tendría que haber un corazón. Ahora simplemente aumenté mis niveles de cinismo de 0 a, no sé, 750%, tengo piernas muy largas y problemas comprando pantalones y bubis que crecen sin mi autorización a edades en las que ya no deberían hacerlo. Como ya también expliqué en
éste post, mis niveles de conocimiento del sexo masculino ahora se sitúan en un probable -4698%, y es posible que de las pocas cosas que realmente quedan intactas de entonces sea mi desmedido e insensato apego a mi almohada, a la sopa de fideos de mi abuelita y a escribir con caligrafía muy linda.

A veces me dan ganas de meterme en un DeLorean volador para volver a regañarme a mí misma, no por ser tan ñoña, sino por casi tener tatuado en la frente “Soy una listilla, una muy sensible, moléstenme mucho para que nunca nunca lo olvide”. O no, porque a lo mejor no tendría tanta resistencia a la gente estúpida, que abunda en éste mundo, que camina por las calles como si nada, como si ser tan estúpido fuera, además, permisible.

Y ya. Si se chutaron toda mi disertación merecen probablemente un premio. Localicen aquí a la listilla-Principito, sólo porque el otro día me topé con esas fotos en el Facebook de una excompañerita.



20 August 2008

Los hombres y el absurdo I

Hubo un tiempo feliz en el que yo me dedicaba a salir masivamente con hombres. Llegué a salir con tres el mismo día y a sostener las mismas pláticas aburridas con cada uno, y lograba con los mismos comentarios parecer, oh, tan espontánea. Una época radiante de hombres que significaban poco menos que nada para mí, de los que no esperaba más que una cerveza o un café, y cualquier cosa más allá de eso – un chico listo, una buena plática - era un extra. Tenía entonces una técnica casi pavloviana, descubierta por ensayo y error, y sabía lo que dirían ante un determinado comentario mío, el modo en el que me sonreirían y las direcciones que las miradas podrían tomar. Evidentemente yo creí entonces que lo sabía todo de hombres. Después sucedió algo… bueno, me enamoré como un becerro, fue lo que sucedió y descubrí entonces que no sólo no entendía nada de hombres en general, sino que tampoco entendía nada del hombre particular del que me enamoré, y que todo eso de que son más simples y sensishos que las mujeres son patrañas. Los hombres son horrendamente complicados; claro que nunca lo aceptarán, porque todo es parte de una conspiración para confundir mis ya obsoletos conocimientos acerca de los hombres. Jah. Bueno no por eso, pero no lo aceptarán porque quizá de verdad no se dan cuenta de lo complicados que son.

De hecho durante mucho tiempo creí que yo era como un hombre* (mentalmente, obvio, no del físico) porque tiendo a ser muy simplota con lo que quiero y lo que no. Pero, no sé, como que uno se enamora y termina siendo una maraña, así que al final descubrí que no sé ya ni como soy porque creía que era como un hombre, pero los hombres no son lo que creía, ni yo soy lo que creía; y cuando caí en la cuenta de todo esto ya había pasado un montón de tiempo en el que mi práctica, mi estudiado método ya se había atrasado en las actualizaciones, así que tampoco los hombres que no me importaban eran lo que yo creía, decían cosas que no les creía y bueno, mi escasa fé en la humanidad (y específicamente en esos seres con pene) un poco se descompuso permanentemente.

Ahora sé que probablemente no los entienda nunca, y haber ya racionalizado todo eso me sirve para un carajo porque los hombres siguen siendo, desgraciadamente, tan asquerosamente necesarios… Osh. Estúpidos y sensuales hombres. Me he estado actualizando últimamente en eso de los hombres, lo que es quizá una tarea inútil porque no parece tener mucho sentido actualizarse en algo que de entrada no se comprende, pero bueno, los hombres son de hecho tan absurdos que ya que más da lo que haga.

Vengan de nuevo los días felices.









*Eso explicaría también mi irracional adicción a lalola

01 August 2008

Guanajuato / Expresión en corto

Ah, el Festival de Cortometrajes en Guanajuato, ese multitudinario evento que congrega a la gente mas indie de Guanajuato y todos sus alrededores; el evento al que me había jurado a mí misma jamás volver, y al que éste año me dejé arrastrar olvidando mis arranques deterministas, para poder descubrir que sigue siendo exactamente lo mismo que hace dos años, que los cortos mexicanos siguen siendo mayormente basura y que me seguiré topando ahí a toda la gente indie que conozca, incluidos ex-noviosnonovios, mejores amigas y sus amigos pachecos y gente que de repente parece que conoces pero en realidad no.

Y también lo siguiente:



Los camiones que van a Guanajuato son muy pudorosos, y usan calzones en la cabeza




Los espejos de Guanajuato no son para que te veas en ellos


Si caminas mucho por éstos callejones, seguramente se te hará un hoyo en el pie derecho... aunque no sé si eso sea sólo lo que me pasa a mi


Las paredes fungen como oráculos incompletos... así que ahora, demonios, nunca sabré Gaby y quién, nunca sabré quien era el amor de mi vida. Hmpf.


Los letreros en las ¡panaderías! están acentuados ¡arbitrariamente!

Ah si, también vimos muchos cortos.

23 July 2008

Omaigot!

Yo estaba en la oficina, tralala, y trabajaba y trabajaba a un ritmo vertiginoso con miles de archivos al mismo tiempo, tactactactactacktactack, clickclickclickclicclickclic (con esas Cs y Ks, porque no todo mi trabajo es tan uniforme siempre) mientras la musiquita de mi computadora, tiruriru tututu tururu, avanzaba y avanzaba conforme avanza el día oficinesco y llegó el momento de alguna canción que no quería escuchar y al cambiarla, me dí cuenta que se había conectado a mi iTunes la carpeta Limewire de un jefe. Y yo pues tintintin me puse a curiosear a ver qué música le gustaba, aunque un poco me esperaba lo que encontré... de música (pausa de suspenso).



Lo que no me esperaba encontrar eran videos porno gay. ChaanChaannnChaaaaaaaaaaánnnnn!



Snif. Y a mí que ese jefe se me hacía tan guapo. Snif. Snif. Snif

----------------------------------------------------------------------

UPDATE: Aparentemente mi blog tiene vida propia y no linkea a la foto en grande (aunque yo creí que ya había resuelto esas ondas), así que se quedarán sin saber el título de los videos porno gays. Fin.

Sinceridad

Muero de ganas de destruirle su mundito que espero sea perfecto, sólo para regocijarme en su dolor, después de haberme únicamente tenido que revolcar en el mío.

Quiero que llore todo lo que yo decidí que ya no lloraría por él, porque logré convencerme a mi misma que no valía la pena; aunque me hubiera hecho mucho bien. Quiero que su talento le arme una rebelión de proporciones mentales épicas o que despierte un día con una lobotomía frontal y que sea absolutamente feliz, como siempre he creído que sólo los inmaculados imbéciles lo son. Quiero que su vida se desmorone y cambie tanto, y tan paulatinamente, que le sea imposible notarlo hasta que no quede de él nada más que sus propios rastrojos inservibles, que anhelo diariamente poder pisotear. Que su estómago arda en una amargura que lo pudra por dentro y que el halo de la putrefacción le seque los ojos y el alma.

Podría ver, pasmada, radiante de felicidad, que su mente elaborara las mismas intrincadas jugarretas que la mía se entretiene elucubrando. Las que no me dejan dormir; las que se pegan a mi almohada como las mañanas de domingo negro en las que el vaho de mi desprecio llegó a arrastrarme hasta su orilla y que la resaca del tiempo agigantó, sin que él se preocupara por notarlo mientras chapoteaba alegre con sus pies mi ahogo.

Ojalá que a su vida, a su piel, se adhieran todos los peores pensamientos de los que me he nutrido hasta ahora –y los que pienso aún albergar, porque queda mucho espacio en éste rencor mío- formando una pesadísima cauda que le impida caminar en su propia existencia, porque es el único modo en el que me parece lícito permitirle vivir dentro de mí.

Y que finalmente quede atónito ante la certeza de que todo esto me es válido, simplemente porque le quise más allá de las medidas de mi propio odio. Porque no se permite a nadie la ingenuidad de creer que el amor no tendrá consecuencias…






…porque aún si todo esto te pasara, corazón,
tienes en deuda toneladas de cariño despilfarrado,
que se perdieron sin entrar jamás en el convertidor de la revancha.

Y porque te seguiré queriendo,
inconmensurablemente,
sólo para ver que algún día sufras más que yo.

14 July 2008

Guanajuato / Las bambalinas de Dios

Acá se dice que el mejor lugar turístico de León es Guanajuato (meaning Guanajuato la ciudad capital, obvio, no el estado), y bueno, es cierto, porque León está bien pinche feo, con sus avenidas que se inundan al menor indicio de llovizna y miles de baches y millonesmillonesmillones de topes, su gente mocha y/o doblemoralista y demás maravillas en las que no puedo ahondar ahora porque no me cabría el post en los dedos pero lo lindo es que uno puede irse a Guanajuato cuando quiera, que al cabo está como a media hora y comprar cigarros sueltos en el Jardin de la Unión y ver a los montones de extranjeros hippilondios que se sienten soñados en ciudades tan tradiciounales donde hasta los mimos callejeros prácticamente les besan las patas turísticamente enchancladas y mugrientas. O ¿porqué no? ir a la iglesia, colarse a la sacristía, recibir unas bendiciones extrañas que cuando menos me aseguran que no tengo el diablo adentro, (chaz, y yo que pensaba que sí, demonios) dejar que te embarren aceite en la cara en contra de todos tus principios astringentes y antibacteriales, y totalmente también en contra del impulso primitivo que dicta que eso es chistoso y pues que hay que reírse. Y tomar unas cuantas fotos del traspatio divino.
Éste es el San Charbel malévolo con el que nos tuvimos que dormir una vez que no relaté tal cual aquí, pero que mencioné aquí

Ésto es lo que ven los padrecitos cuando se cambian de ropa en sus vestidores de Dios, o Sacristía


Paso de gato de las bambalinas de Dios


Tras bambalinas (de Dios) se esconden los Santos que no dan buena imagen a la Iglesia, aunque me parece discriminatorio, porque sólo son estatuas con capacidades diferentes


Clóset de Dios

Nota del autor: me gusta decir "de Dios", so what?

11 July 2008

De triunfos y otros amontonaderos

Título alternativo y amargoso: “Odio las mudanzas”
Título alternativo 2 y no amargoso: “Jornadas inaugurales”

Recién me cambié de departamento y a más de una semana del espantoso trajín de las mudanzas –empacaempacaempaca,cargacargacarga,desempacadesempacadesempaca- creo que un poco estoy volviendo a tomar forma dentro del espacio que termina delimitando a las personas. Porque yo si creo que quien eres depende mucho de con quién vives, evidentemente, pero también de lo que ves en las mañanas cuando recién abres los ojos, o de la cantidad y dirección de la luz que entra por las ventanas, o de los ruidos de afuera y la calidad de los vecinos, además de que en general los espacios los ocupan objetos que pueden un poco ser extensiones de uno mismo –quizá, y sólo quizá sea por eso que llegué a chutarme muchos episodios de Roomraiders, en MTV. Y bueno, en éstos términos, digamos que mmmm yo no tengo muchas extensiones que ocupen el espacio ahora. Y no tengo tampoco televisión, ni teléfono, ni microondas, ni refrigerador por lo que mi nutritiva dieta a base de quesadillas light (de tortilla integral y panela, hechas en microondas, por aquello de que nunca hay tiempo para nada) se fue al carajo y ha sido sustituida por una dieta a base de sopa instantánea –de agüita hervida, obvio, que no de microondas- y bebidas calientes de todas las naturalezas, incluyendo mi amada coca light. Snif. De hecho consideré seriamente convertirme en anoréxica temporal, hasta que tuviera un refri decente y pudiera cocinar comida decente y enfriar decentemente mi amada coca light pero eso es algo que mi cuerpo rehusó hacer, especialmente en las mañanas resacosas en las que de lo único que me dan ganas es de comida muy grasienta con litros de salsa. Como tampoco hay internet estoy peor que un drogadicto con síndrome de abstinencia, y me tengo que esperar hasta llegar a la oficina para hacer cualquier onda internetosa. Y sin distracciones, con un carajo, se me ocurren un montón de cosas que debería postear, buscar, bajar, confirmar o checar, así que mejor he decidido pasar a visitar amigos, que luego siempre te ofrecen algo de comer que no esté al tiempo, sino caliente o frío, como deba de estar, y que en una de esas hasta tienen Sky y hasta puede que te toque ver el programa que te gusta. Ah y claro, también porque es un gustazo verlos.

Cambiarse de depa implica que un montón de cosas deben hacerse por primera vez ahí. Primer cigarro, primera peda, primer invitado oficial, primera bañada con agua fría porque no hay gas, primera cogida, faje o besuqueo, primera noche de insomnio, primer golpazo en pie descalzo porque aún no te acostumbras a la distribución del espacio, primer clavo o foco puesto, primera cucaracha pisoteada y un montón de cosas que ahora no menciono, probablemente porque no hayan aún pasado, y porque además todo éste conteo de las primicias solamente es oficial e importante para la persona que las va anotando en la lista de las cosas que ya pasaron por primera vez, y que no sirve absolutamente para nada, pero que igual se hace un poco inconcientemente.

Y bueno, se me ocurrió que si voy a necesitar muebles, igual valdría la pena ir yendo a ver como qué se me antoja, para luego descartarlo y pensar en lo que puedo pagar; y se me ocurrió que podía pasar por galerías El Triunfo, muy a pesar de mi prejuicio de entrar en establecimientos que tengan una nave espacial tamaño real (una chiquita, pero tamaño real) como saludo de bienvenida, en la entrada. Digo, a lo mejor estaba divertido. Lo bueno fue que cuando llegué ya no estaba la nave espacial en la entrada, probablemente se la vendieron a alguien con pésimo gusto. Whatever. Lo que sí es que galerías El Triunfo resultó ser el paraíso de las-miles-de-cosas-que-jamás-necesitarás-pero-que-igual-estaría- chidillo-tener. Y el infierno de las mujeres con bolsas gigantes en las que cabe hasta la lap, además de todo lo que se debe cargar en la bolsa, en el que, por cierto y sólo para hacer la mención, me incluyo. Amo las bolsas gigantes. Pero no resultan del todo prácticas si se tiene que pasar por minipasillos llenos de cosas que se rompen, pero como ya había entrado ahí, dije “pues bueno” y me abracé a mi bolsona para adentrarme en el mundo de los montones de mamadas y cosas padriuris que es galerías El Triunfo, y que aún no he terminado de decidir si me gustó o lo odié, porque hay ahí lo que no alcanza uno a imaginarse, por entrañable o por vomitivo o simplemente por inverosímil.


Aparentemente los budas en su versión "no-me-sobes-la-panza" son lo de hoy, había pasillos completos


Esculturas gordas y carísimas que patean bolas plateadas. Yo salgo ahí en la bola, asustada, pero no se ve tanto mi susto

Jirafa plastificada gigante que intentó huir de la tienda

Como aquí no hubo Cow Parade, los de Galerías el Triunfo nos lo dieron. También creo que era para recordarnos que León es un ranchote.


Ésto es un techo. Todo está tan aperrado ahí que cuelgan sillas y mesas del techo, y esperan que alcances a leer los precios. Pff.

Más budas y yo abrazadísima a mi bolsa gigante

¿Antojo de un vaso cánope? Por Osiris, que te lo venden aquí.

Siempre me pregunté donde compraban los narcos sus santas muertes incrustadas de plásticos brillantes...


Y también siempre me dieron muchas ganas de encuerarme detrás de Charlie Chaplin

Cebra de plástico real size, de casi 50 mil varos, como a 32, creo


Marilyn Monroe nos dice adiós desde el aparador

25 June 2008

Ya a qué hora...

Hasta el momento éste nunca ha sido (y hopefully no será) uno de esos blogs donde se hacen recomendaciones literarias, fílmicas o musicales; simplemente porque es muy pretencioso y porque tiene mucho que ver con el caracter yo-lo-se-todo-y-tu-no que tanto me caga de la gente.


Digo, si fuera así podría presumirles que fuera de mis papás y algunos maestros no conozco a nadie que haya leído más libros que yo, aunque evidentemente no los he contado (pero son muchos, porque yo solía ser de las niñas que se divertían los veranos vacacionales leyendo Ana Karenina y cosas por el estilo). Que tengo una colección musical de muchos muchos muchos gigas que probablemente la mayor parte de la gente no envidie porque está llena de autores recónditos que no se conocen con facilidad, o que en Blockbuster ya me avisan si han llegado películas nuevas porque ya casi me chuté todas las del catálogo, incluyendo las de Disney y un montón de comedias románticas horrendas hasta las de Cine extranjero e internacional. Todo ésto, evidentemente, si se tratara de ostentar. No es el caso. Solo es que se me cayeron un poco los calzones cuando descubrí un libro que es un retrato de cuerpo completo de la SemiGab depresiva de hace un par de años, que ahora se ha convertido en una depresiva contadora de chistes y con muchas ocupaciones que no la dejan deprimirse agusto, pero eso no es asunto que importe ahora.

Demonios, ¿por qué no me topé con ese libro hace años? Osh. Osh. Osh.


“Todas las campanas dicen lo mismo: Es demasiado tarde. Es demasiado tarde y estoy segurísima de que siguen sin oírlo. Aún no saben que tienen que intentar llegar a mí aunque eso les suponga dejar de comer, de dormir, de respirar aire fresco durante varios días; tienen que intentarlo hasta que mueran por mí. Tienen que sufrir igual que yo, e incluso entonces, no será suficiente. Tendrán que reorganizar el orden del cosmos, tendrán que poner fin a la guerra fría, tendrán que dejar de portarse como adultos llenos de amor y amabilidad que se preocupan el uno por el otro, tendrán que solucionar el hambre de Etiopía, poner fin al comercio de esclavos del sexo en Tailandia, acabar para siempre con la tortura en Argentina. Tendrán que hacer más de lo que nunca hayan podido pensar que iban a hacer, si es que quieren que yo siga viva. No tienen ni idea de la cantidad de energía y exasperación que estoy deseosa de chuparles hasta que sepan qué poco es lo que queda de mí, incluso después de haber tomado todo lo que hayan tenido que darme, porque les odio por no saberlo.”

- Elizabeth Wurtzel, Prozac nation -

16 June 2008

Me caga el futbol... AMO la Eurocopa

¿Qué hay peor que ver por televisión a un montón de hombres sudados y apestosos correr insensatamente detrás de un balón? La único peor que se me ocurre es una turba enfadada y fanática que grita y se apasiona por ésta estupidez.


Pongámos los pies en la tierra: México nunca ganará un mundial, León nunca probablemente vuelva a jugar en primera división, ni se hable de que pueda ganar un campeonato. El futbol mexicano es una soberana porquería, nunca he entendido el afán de emocionarse con algo que de antemano se sabe que resultará una decepción... aunque es cierto, yo sólo tengo hermanas y mi papá nunca fué nada fan del futbol, así que probablemente mi poca comprensión del manoseadísimo y manipulado fenómeno futbolístico viene de familia; pero aunque no me interese para nada el futbol me veo colateralmente dañada por cosas como bloqueo de boulevares por partidos conflictivos o claxonazos continuos por toda la ciudad cuando gana algún equipo que a la gente le dá mucho gusto que gane.


Si algún día alguien decidiera abolir el futbol para siempre, probablemente ese sería un muy muy feliz día de mi vida. El futbol mexicano, obvio, el mexicano y nada más, porque cada cuatro años alguien decide que es muy buena idea que en lugar de pasar novelas o noticieros o malas películas pasen un programa europeo de televisión buenísimo donde un montón de sexy-muchachos corren sobre sus sexy-piernotas y fruncen sexymente el ceño, concentrándose fuertemente en un trozo de piel esférico, el cual probablemente es una sesuda alegoría del mundo que debe pasar por un portal místico, o algo así. Se llama Eurocopa. Hay algo ahí que en apariencia es muy importante, y se llama gol, pero no he logrado descifrarlo totalmente.

He aquí como yo veo la Euro:
Guapo-guapo-guapo-mmmmmpiernas-gol-feo-guapo-guapo-guapo-feo-miraesasnalgas!-guapo-gol-guapo... and so on.

Caray, hasta me emociono (a veces), hasta siento feo que haya perdido Italia el lunes, si son todos tan guapos. De hecho cuando fué la final del mundial pasado gané muchas apuestas porque había apostado a Italia, sólo porque eran guapos, y todos los que sabían de futbol (me da risa ese término: "Saber de futbol" jijiji), apostaron a Francia y perdieron. Yo no veo el futbol; yo veo un programa de casi dos horas donde hombres muy atractivos sudan por ahí, que se llame futbol es mera coincidencia.


Ahora ¿qué hay mejor que ver por televisión a un montón de guapos hombres europeos con fantásticos cuerpos sudados y correr detrás de un balón? La único mejor que se me ocurre es verlos en vivo entre un montón de aficionados que también son guapos.

05 June 2008

La ciudad y el absurdo I

Ayer en la nochecilla regresaba al depa y pasé junto a un coche que se incendiaba en medio de la calle... y mi única reacción fué sacar el celular y tomarle una foto. Después basada en las expresiones atónitas y asustadizas de la gente alrededor me puse a pensar que muy probablemente para muchas personas eso no era nada normal. Unos minutos más de reflexión y me dí cuenta de que paso demasiado tiempo en mi auto, viendo que cosas absurdas pasan a mi alrededor a toda velocidad. Después noté también que quizá la ciudad en la que vivo tenga mucho que ver con mi absurda percepción de la realidad, y cuando me puse a checar archivos hace un rato, ví que hasta había documentado un poco de todo éste absurdo.

Para muestra:

¡Que vengan los bomberos, que me estoy quemandoooo! (8)(8)


Auténticas Hummer circulan todos los días por el campus de mi Alma Mater

¿ En qué ciudad normal vas a casa de una amiga y ésto es lo que hay junto al baño?




Alguien por favor explíqueme por qué hay un payaso gigante sentado en un edificio



Próximamente: El intrigante tema "Los hombres y el absurdo" y más entregas de "La ciudad y el absurdo"

02 June 2008

Prom night

Me encantan las fiestas grandes y elegantes. Son TAN prefabricadas; son divertidísimas, y te toca ver a todo mundo vestido como nunca, feliz y sincera o hipócritamente sonriente. Me encantan porque también ves ebrias a personas que no se supone que en la vida normal debes ver ebrias, la gente hace cosas raras, y las elegantes personas bailan todas las canciones que no son en absoluto elegantes y que son indispensables en las fiestas.

Si, me encanta todo el protocolo festejador. Me fascina ver como todos los simbolismos se respetan al pie de la letra, me causa una especie de morbo ver que pasaría si simplemente decidiera brincarme todo, pero luego veo que no tiene ningún sentido hacerlo, para qué, ni que yo fuera a acabar con los formalismos, con todo lo que se debe hacer. Hay que comprar un vestido y unos zapatos, hay que ir a sentarse horas con una mujer que se enreda los dedos con tu cabello, al graduado hay que regalarle flores, hacerle el día, y ponerle a las flores una notita que deje en claro quién las mandó y porqué, para ahorrarse explicaciones, hay que bailar el valse, hay que agitar las servilletas, hay que aplaudirle a los graduados, hay que ver que las chicas de la banda bailan ridículamente sincronizadas, hay que aperrar un centro de mesa, hay que comer comida que en teoría debería ser buenísima, y que más bien tiende a ser medianamente mala, hay que bailar todas las canciones de las que generalmente te quejas siempre, hay que aceptar globos, simi-pompones, antifaces y coronitas que te dan los animadores (además se ha creado un protocolario concepto que deja en claro la labor que deben desempeñar) y hacer cosas ridículas con ellas, como usarlas para bailar o adornarte, hay que en algún punto aventar los zapatos y bailar descalzo, hay que brincar, despeinarse el pelo con el que una mujer se enredó los dedos por horas, hay que sudar dentro de un vestido carísimo, hay que tomarse un millón de fotos, y hay que exagerar sobre la cantidad, hay que dar muchos abrazos, y sonreirle a todo mundo. Vaya, hay que estar contento.


Después hay que llegar a casa arrastrando los pies, cargando un centro de mesa que no servirá para nada, hay que lavarse la cara y dormir para poder amanecer al día siguiente como si un trailer te hubiera pasado por encima. ¡Ay! Hay que quejarse de todo al día siguiente, de la música, de la gente, de los vestidos y los zapatos, de la comida y del protocolo.

Hay que al final (aunque ésto sí es opcional) sonreírte solo y pensar: "Sí, yo me la pasé increíble", aunque todo sea perfectamente creíble, conforme a lo estipulado.