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14 March 2011

Disclaimer: Post con alto nivel de patetismo

He llorado muchísimo; hasta el punto en el que honestamente me pregunté si los ojos no se descomponen o se secan o se te llegan a salir.

Lloré hasta que me dolió la cabeza, hasta que tuve que voltear la almohada para no empaparme la cara y hasta que me quedé dormida, exhausta. Volví a llorar cuando con mucho trabajo había logrado abrir los ojos hinchados y tuve la certeza de no verte ya jamás despertar junto a mí. Lloré en la regadera como para refrescarme el llanto y como no logré parar ni para maquillarme, descubrí que ni el mejor rímel contra agua funciona cuando una se ha empeñado tanto en llorar. Y qué bueno… con el trabajo que cuesta.

Hay que tener mucha habilidad para llorar y manejar un auto, por ejemplo; para caminar en tacones por un empedrado cuando alcanzas a ver apenas la mitad del camino con los ojos inundados. Se requiere práctica para escoger verduras, picarlas sin cercenarte un dedo y cocinarlas evitando que al caer las lágrimas sobre el sartén, brinquen demasiado para que no te quemes. Rebané muchas cebollas para confundirme el cerebro y pensar que lloraba por algo más que por tí. Lloré demasiado. Lloré como nunca antes (como espero que nunca después) porque era imposible hacer algo más; sin saber a bien el momento en el que había empezado, si iba a poder terminar algún día o si patéticamente me iba a morir una noche que broncoaspirara todas mis lágrimas y literalmente me ahogara en mi tristeza.

No es que antes no hubiera sufrido por amor, pero con toda verdad, tanto llorar me era desconocido. Estoy tentada a pensar que quizá solito mi cuerpo decidió llorar así para agotar todas las posibilidades, momentos y lugares de hacerlo por tí; para quitarle la novedad, volverlo trivial y cotidiano. Para dejar de sufrir y, eventualmente, para ya no poder volverte a llorar jamás. Tengo que creerlo así porque de otro modo sólo hay cabida a que sea cierta la desolación, el tropiezo constante con la felicidad que no voy a tener y tu recuerdo. Y así no se puede vivir.

02 August 2010

Eureka

Voy a explicar por qué está todo ancestralmente mal. Es porque los prehispánicos pensaban así:

Masculino ---------- Femenino
  • hoguera agua
  • luz oscuridad
  • vida muerte
  • fuerza debilidad
  • águila jaguar
  • gloria sexualidad
  • arriba abajo
  • consunción inflamación
  • irritación dolor agudo
  • perfume fetidez

Ahora, esto no justifica nada, solo explica que los hombres son ancestralmente unos idiotas.

De nada.

06 July 2010

"Para Anabelle, las cosas eran muy diferentes. Por las noches antes de dormirse, pensaba en Michel; se alegraba de volver a pensar en el cuando despertaba. Cuando en clase le pasaba algo divertido o interesante, enseguida pensaba en contárselo a él. Los días en que, por la razón que fuese, no se habían visto, se sentía inquieta y triste. Durante las vacaciones de verano (sus padres tenían una casa en Gironde) le escribía todos los días. Incluso si no se lo confesaba con franqueza, incluso si sus cartas no eran nada apasionadas y más bien se parecían a las que le habría escrito a un hermano de su edad, incluso si el sentimiento que impregnaba su vida recordaba a un halo de dulzura más que a una pasión devoradora, la realidad que cada día estaba más clara para ella era ésta: de buenas a primeras, sin haberlo, buscado, sin ni siquiera haberlo deseado, había encontrado a su gran amor. El primero era el bueno, no habría otro, y no tendría ni que hacerse la pregunta, (...) el caso era posible; no había que hacerse ilusiones, casi nunca ocurría, pero en algunas ocasiones extremadamente raras, casi milagrosas -aunque más que probadas-, podía ocurrir. Y era lo más maravilloso que le podía suceder en la vida."

- Michel Houellebecq

28 May 2010

Bolsa

Creo que hago ésto por todos aquellos hombres que me dijeron alguna vez que si podían ver que cargaba en mi gigantesca bolsa, y no los dejé. Eso y ésto

¿Qué ganas de ver lo que hay en las bolsas de las mujeres, really?

30 March 2010

Niñerías

Casi eramos niños cuando creí que estaríamos juntos cuando menos el tiempo que estuvieramos vivos, a pesar de que nunca sucedió. Uno cree esas cosas, a veces. Es un juego. Es un sueño. Se sueña porque con algo se tiene que soñar y es así. No daña a nadie, es lindo, hace sonreir.

Después de tiempo, cuando regresé y abrí la puerta me ví a mi misma soñando. Me regañé, por estúpida, por desperdiciar el alma y esperar un porsiempre que no iba a llegar. Me mandé al rincón a pensar en lo que había hecho e intenté castigarme sin dinero y sin salidas pero qué se le va a hacer, no soy tan dura conmigo misma. Además soy necia, los castigos no me hacen entender; evidentemente eso no funcionó.

Intenté entonces castigarte, niño malo, por no entregar un porsiempre decente. Escrito sobre el renglón, con la fecha en cada plana, dibujado sin salirse de la rayita, de cien palabras sobre lo que habías hecho en las vacaciones; con adjetivos, adverbios y conjugado en futuro. Pero se me había acabado la fuerza intentando castigarme y lo pasé por alto. O eso creí.

Luego vi que todo mundo decía que los castigos no funcionan y se me ocurrió hablarlo.

- Eres tonta - me dijo la voz aniñada de mí misma.

- ¿Soy?¿Más que tú?

- Porsiempre llegó - dijo, ignorando que me acababa de insultar y que yo pretendía que no me importaba- ¿no lo viste? estuvo todo el tiempo.

- Si, debo ser tonta entonces, porque no lo ví. - Le contesté con ironía.

- Es que se arregla diferente hace tiempo. Igual no se ve tan lindo; ahora va de lamismamierda. Es normal que no lo hayas reconocido - me dijo con condescendencia, haciendo cara de que lo sabía todo, la mocosa impertinente.

Pero ahí me quedé callada. Malditos niños que tienen la razón.

29 March 2010

One Art

The art of losing isn't hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.

Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn't hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:
places, and names and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn't a disaster.

--- Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan't have lied. It's evident
the art of losing's not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.

-Elizabeth Bishop

04 March 2010

Coincidencias

Una de mis mejores amigas y yo nos decimos puta, con un cariño que no creo que exprese ninguna otra palabra. Nos decimos, de hecho, mi puta, porque es ya una cosa de pertenencia. Nos conocimos hace no demasiado, pero parece que hubiéramos estado juntas la vida entera, quizás porque nos conocimos en momentos raros de nuestras vidas, y quién sabe si desde entonces o por eso tuvimos siempre una conexión inexplicable: pasamos por periodos similares y simultáneos, aún hoy que no estamos mucho tiempo juntas.

Fuimos la peor de las compañías para la otra mientras estuvimos las dos deprimidas, incomprendidas, inconsolables y nos tomábamos el Jack Daniels como agua de jamaica; casi en bolsita. Contentas no cabíamos por las calles o en los coches o en las sillas de los bares donde nos sentábamos a chocar cervezas y cambiar sonrisas una con otra, historias casi iguales y risitas de complicidad duplicadas por los buenos tiempos aquí y allá.

Nos solemos extrañar en los mismos momentos y nuestros exes tienden a reaparecer (los exes siempre reaparecen) por las mismas fechas. A saber si ellos dos se llegarían a caer bien si se conocieran, lo cierto es que cuando menos nos ponían a sufrir por las mismas razones y con los mismos estúpidos motivos. Y no nos quedaba más refugio que las explicaciones de la otra, que sonaban por demás lógicas.

A su papá diabético le tuvieron que amputar un dedo del pie igual que a mi abuelita diabética.

Hace poco me contó que se había vuelto a ver con su ex, el de mil años, el de la relación que parece que no acaba nunca. El de las historias constantes lindas y tristes y feas, pero como referencia siempre. Como historia siempre.

Y tengo una puta curiosidad de saber como le está yendo con eso.

09 February 2010

Extrañamientos

En español decimos extrañar, como si habláramos de algo que nos es extraño, raro, y no lo alcanzamos a comprender quizá porque está ya lejos y ha cambiado en su forma o en su esencia al punto en el que se volvió extranjero: está fuera del mundo que nos es cotidiano, y se echa de menos o se echa en falta, con una afortunada imagen en la que nos podría alguien aventar en la cara el hueco que falta de un todo. De nuestro todo.

Las traducciones, que nunca son exactas, lo escribirían como miss, en inglés, aunque la palabra más bien describa algo que simplemente se ha perdido. Lo que se falló en percibir y se ignoró; un evento al que no se asistió, el tren que no se pudo tomar, algo que nomás no fué experimentado.

Se habla en portugués de saudade, ni siquiera como un verbo que cualquier persona podría realizar, sino como un ente que hay que sentir porque hasta en su misma calidad gramatical no nos pertenece, está fuera de nosotros y llega en algún momento, en cualquier momento, y conjuga la nostalgia, el anhelo, la añoranza, la esperanza (para las que, evidentemente, en español tenemos palabras específicas que no solemos juntar porque no parece emocional ni semánticamente aceptable).

Los conceptos de las palabras, aunque pudieran traducirse, son muy diferentes en estos idiomas y por lo tanto lo serán las sensaciones que describen y que sentirán las personas que los hablen. Yo no podré mas que extrañar, aunque entienda lo que significa I miss you o sentir saudades; y con ciertas licencias literarias podré extrañar los eventos a los que no asistí, las cosas que no experimenté, los trenes que no pude tomar porque seguramente llegué tarde, todo lo que se ha perdido; y podré hacerlo con esa nostalgia, anhelo y sentimiento raro, feliz y triste, que describen las saudades que por ahí se sienten.

Podría decir que extraño ese guacamole suyo que no probé, que extraño su departamento nuevo en el que no he puesto un pie, que añoro los momentos que justo ahora no estamos pasando juntos y los que ya nunca vamos a tener.

Podría.

Pero las licencias poéticas normalmente no me juegan a favor, así que mejor no decirlo, al fin que en español ni siquiera tiene sentido.

04 January 2010

Lo pensé al fondo del tiempo, constantemente. Lo sentí presente y durante todos esos momentos fué cierto; y el tiempo entero y el fondo del tiempo se me fueron pensando en los labios flacos que besé todo un día. En el plan de los lugares en los que habría de besarlos se me olvidó la vida en la que no estuvieron nunca presentes.

No los labios ni las palabras, ni la cara pegada a ellas, ni los brazos esmirriados o el olor a muñeca y a juego conocido. No los ojos pálidos (así lo diría él, por alguna canción), más bien tristes o perdidos, entrañables y azules que sólo ahora sé que jamás fueron las farolas encantadoras y mentirosas que me iba a encontrar después, sin querer, en otro par de ojos más azules. No mi propia sonrisa agrandada de pensarlo. No las charlas perdidas ni los mails que se cansaron de esperar respuesta y simplemente se dejaron borrar, sin defensa. No los libros, ni las frases, ni los autores favoritos de cada quien. No con sentirme miseria y no decirlo, porque no había oídos, ni con escribirlo en una libreta encriptada y luego querer traducirlo, sin poder. No en el desinterés o el menosprecio. No con que por su culpa se confunda quien no tiene que ver en absoluto. No con el llanto agrandado de pensarlo ni con yet another year en planes que no van a suceder, en una vida que no me puede incluír, aunque quisiera. Pero no quiere. No, no, no, no, no, no, no con que ahora me conforme sentádome disimuladamente cerca de gente que habla como él, sólo para escucharlos, porque al final, como se terminó, está buena la nostalgia ¿no?.

No.

No con quedar corta, avergonzada de pensar que publicarlo en blog es una estupidez. Que lo es, y que me quedo corta. Es sólo que lo recuerdo ahora. Hay tanto en lo que no lo encuentro.

No lo encuentro. Nunca estuvo. No hay nada.


Hay mucho nada.




No sé que hacer, no tengo ningún hueco que llenar.
Estoy llenísima. De nada.
Quizá con ésto se hace simplemente nada.

29 December 2009

Caballerosa

Manejando de regreso del trabajo ví a un chico en el acotamiento de una vía rápida. Estaba parado junto a su moto a la que se le había salido una llanta, con una cara de desolación que se alcanzaba a ver sólo de ladito; era un chico lindo, con chinos oscuros en la cabeza y una de esas chamarras que siempre quise tener, pero que nunca me compré porque eran muy-de-hombre.

Pensé detenerme, preguntarle si estaba mas o menos bien (visto que, en definitiva, no estaba todo bien), si lo llevaba a algún lado. Se le haría raro, finalmente no son las mujeres las que suelen hacer ese tipo de cosas, y le podría haber sacado de encima la extrañeza diciendo que no se preocupara, que yo realmente vagaba por las calles en busca de damiselos en aprietos, esperando que algún día encontraría uno lindo como él, que a cambio de la ayuda, pagaría unas rondas de cervezas. Nos reiríamos de toda esa tontería y se daría cuenta de que sólo soy chistosilla, y sólo me aproveché de la situación.

Un modo peliculesco de conocer a alguien. Y como al final todos, aún involuntariamente, hemos visto más comedias románticas de las que cualquier loquero recomendaría, nos quedaríamos enganchados. Nos enganchamos siempre a las historias de novela, de película. Así nos hemos ido condicionando, porque en la realidad no hay malos tan malos, ni amores que trascienden todas las fronteras, ni finales felices porque al final de la vida queda sólo la muerte y tampoco nos entendemos con la muerte en términos de felicidad. Sin nuestra ficción nos queda sólo la vida. Sólo nos quedaría la realidad.

Realidad.

En una vía rápida no puedes frenarte a ayudar extraños. Todo ésto se me ocurrió mientras manejaba sin pausa de ningún tipo, cuando ya estaba varios cientos de metros lejos del chico, al que debo haber visto sólo por tres o cuatro segundos y lo mejor que pude hacer con ese instante de realidad no fué ni siquiera una película.





¿Si vuelvo a pasar ahora mismo, el chico seguirá ahí?

22 June 2009

Senectud

Alguna vez me paré un jueves en la tarde en el kiosko del Centro Histórico aquí, a bailar danzón (porque amo el danzón) con un viejito que me pidió que me casara con él, y es que tengo imán.

Tengo imán para los freaks y los viejillos raboverdes...

Recién vino acá un gran viejillo del arte a hablar poco comprensiblemente en público y a cobrar por eso y totalmente me amó, sólo por preguntarle si quería agua mineral o café y por picarle con mi dedito santo a las flechas en la computadora para cambiar las diapositivas de su presentación. Así de absolutamente arrolladora soy.

Me regaló tres de sus libros y me los dedicó todos (uno, de hecho, me lo dedicó doblemente), me invitó un café. Me hizo ir a la Feria del Libro a que me chutara de nuevo sus palabras incomprensibles a cambio de una firma en unos papeles que tenía que entregar y todavía fue y compró uno de sus propios libros ahí, para regalármelo. Cosita.

Yo mientras tanto, bloqueaba todo lo que sucedía, buscando caritas en los accesorios cromados, adentro de un baño.



Meh


Uh!

Blargh...


Tui!


El gran problema de los rucos raboverdes es que, pues qué quieren, dan mucho asco. El gran problema de los libros que los rucos raboverdes te regalan es que leerlos hace que te des asco tú mismo. Es un problema mucho mayor si los libros de hecho son buenos.


Bonus que nomásnahquever: El cactus más triste del mundo

27 April 2009

Aventura por México

En un lejano reino, inalcanzable a las manos del maligno espíritu de la Influenza, pero imbuído de niveles de estrés desconocidos para los humanos comunes y corrientes al que me gusta de vez en cuando llamar "El Trabajo" o "La Oficina" llegaron hace un par de días caballeros andantes que recorrían el reino en busca de magnas aventuras. Dotados de niveles de no-guapura, no-inteligencia y si-apestosismo insospechados decidieron acuartelarse en las instalaciones por las que corro diariamente. Sus nombres eran Jaime Camil y Jorge Poza.





Y no vivieron felices por siempre.
The End.

09 February 2009

Llantas y zapatos

Éste post será muy largo porque tuve mucho tiempo para pensarlo. Gracias.


Hoy hacía un muy lindo día así que decidí salir a caminar.

Mentira.
Hoy me llegó un estado de cuenta de alguna cuenta muy a mi nombre y muy con todos mis datos, pero que yo desconocía donde tenía un dinero que también desconocía (que descubrí que era de cuando yo trabajaba como eslcava del telemarketing, o sea uuuu, hace como dos años, y de éste período de mi vida no hay una crónica y probablemente no la habrá) y como mi maltrecho automóvil estaba en el taller (porque le dió un paro cuando salía de una fiesta con choppers el sábado/domingo en la madrugada. Crónica de choppers: Pronto) dije "Bah, ps me voy caminando". Lo que es no tener nada que hacer en lunes.

Entonces salí a la calle y comencé a hacer con las piernas esa cosa rara que uno hace cuando no tiene un auto. Caminar, creo que le dicen, y que es más o menos como pisar un pedal, pero haciendo un movimiento hacia adelante y hacia atrás con toda la pierna y no sólo el pie. Primero con una y luego con la otra. Raro ¿no?. Yo sé.

Unos dos años a.C. (antes del Coche) yo sí caminaba mucho por todos lados, mucho en un espíritu hippilondio de... pues... caminar (?) o no tengo ya mucha idea, pero es comprensible porque tenía 17 y era una hippie asquerosa (crónica musical de eso aquí) y tenía un novio hippie asqueroso y no me bañaba y me importaba muy poco andar con mis pantalonzotes que arrastraban como mechudos por el mundo. Entonces de hecho me gustaba hacer eso de poner un pie delante del otro y además siempre en mi mente diecisieteañera de pacotilla me visualicé como la gran vocalista de una banda que creí que llegaría a ser, y en mi mente existían un montón de fans y era en atención a mi ideal de imagen-musical que me vestía todos los días como si fuera a tener una tocada y que caminaba muy oronda y orgullosota de mí misma por las calles. Después me empezó a gustar otra música y ví en Zara otra ropa más bonita y descubrí los encantos de las regaderas y los estropajos y mi hippidez desapareció para nunca más volver, porque a final de cuentas lo mío de andar como hippie no significaba mucho. Lo que sí descubrí en aquella época fué una de mis más desarrolladas habilidades en la vida: Hacer que los hombres en la calle voltearan a verme.

A partir de aquí todo sonará a presunción, así que no me importa si se entiende de ese modo o del que yo quiero hacerlo entender. Gracias.

Y es que sin importar la ropa que me pusiera, siempre lograba que me voltearan a ver. En aquella época, además, traía una ropa de lo más ridícula y una pinta de lo más mugrienta entonces supongo que los weyes de la calle no me volteaban a ver porque fuera yo una hermosa mujer, sino porque más bien me veía muy freak o porque les llamaba la atención ver a una especie de indigente tan blanca y alta; y pues claro, no me gustaba nada que me chiflaran ni se me acercaran en la banqueta para susurrar cosas porque lo sentía como una afrenta personal, y es probablemente que mi inconciente tenía más sentido común que yo y sabía que en algún punto de mi vida me arrepentiría de esas fachas de tarada. Entonces implementé una nueva estrategia: cargar con mi Discman (!) adentro del morral para aislar los sonidos desagradables y así podía simplemente ver que cuando pasaba junto a una parejita me hacían caras y las viejas envidiosas de mi espléndida fachadez le apretaban la mano a sus noviecitos, porque pues claro, no se los fuera a quitar yo con el encanto de mi zope sin depilar.

Después se terminó la prepa junto con una época de perdición y rebeldía a lo baboso y entré a mi fresa universidad y según recuerdo aún no tenía el tamaño de boobs que tengo ahora y todavía me vestía medio raro, pero ya finalmente tenía coche; lo bauticé, lo choqué unas dos o tres veces, nos separaron para encerrarlo a él en un corralón y a mí en una celda fría con cama de cemento un par de veces, guardó mi vida, refunfuñó cuando algunos tipos entraron en él, y se puso contento cuando otros lo hicieron, dormimos juntos y me vió orinar en la calle, deprimida, y otras veces me abandonó a mi suerte renunciando a lidiar con alguien que había olvidado cómo caminar. Desde el interior de la pequeña burbuja que son los autos, desde los espacios que vamos ocupando en los trayectos y que nos pertenecen tanto como las almohadas o las agendas, cambié y conocí muchas cosas diferentes y aprendí que la realidad se construye con la cercanía a los objetos, sean vehículos o sean paredes y pavimentos y zapatos en movimiento.

...y entonces hoy dije "Bah, ps me voy caminando". y comprobé que no ha disminuído un ápice mi fantástica habilidad de hacer que los hombres me volteen a ver en la calle. De hecho hace no tanto tiempo que me descubrí convertida en un tamal ambulante después de terminar con un wey y antes de decidir que lo mío era ser bulímica o hacer ejercicio; y en esa época lo único que me levantaba poquito el ánimo era salir a la calle y comprobar que aún los weyes me volteaban a ver a pesar de ya no ser una hippie y a pesar también de haberme convertido en un molote de masa. Y hoy, sin auto, las calles, los weyes y yo nos reencontramos. Me tomé el atrevimiento de salir de mi depa cuan larga y paliducha soy vistiendo unos pantalones de mezclilla, blusa, suéter y tenis, que creo que bien podría haber salido en tanga y hubiera pasado lo mismo, porque ahora no sólo los peatones me volteaban a ver, también los muchachos enfundados en automóviles. Unos me sacaron fotos, otros me dijeron adiós, o me hicieron una seña de thumbs up y ya no sólo chiflaron. Se esforzaron, creo, probablemente por el tiempo que tenía sin caminar por las calles, y es que caminé mucho porque cuando llegué al Santander más cercano (que me pareció hoy que estaba lejísimos) me dijeron que ahí no podía cancelar nada porque no era mi sucursal y fuí hasta la que sí era, paseando mi palidez por avenidas con mucha gente y coches, y me tomó todo como unas 2 horas, que con mi tamaño de zancada hubieran sido una eternidá para una mujer de 1.50

Ahora es cuando expongo mi teoría del nacimiento en país equivocado. Yo tendría que haber nacido en Noruega y allá nadie me voltearía a ver en la calle porque todos son muy altos y paliduchos y güeros.
Fin.

06 December 2008

Anécdota

que deja ver que tanto trabajo hace que el cerebro deje de funcionar con normalidad.


Sentada, comiendo en KFC descubrí que la ensalada de col sabe al wey de ayer. No sé si es malo para el wey, para la ensalada o para mí. Sólo sé de cierto que la música de fondo es Fiona Apple y que eso no es normal para un KFC, así que quizá todo es un complot. O quizá la ensalada sabe mucho a cloro, aunque el wey no sabía a cloro; sino a cerveza. Como yo. Pero yo no tengo sabor a cloro tampoco.

Quizá sólo estoy en la dimensión desconocida de la ensalada de col donde nada tiene sentido. Entremos ahora mejor en la dimensión del puré de papa. Suena a que es mucho menos compleja...

20 August 2008

Los hombres y el absurdo I

Hubo un tiempo feliz en el que yo me dedicaba a salir masivamente con hombres. Llegué a salir con tres el mismo día y a sostener las mismas pláticas aburridas con cada uno, y lograba con los mismos comentarios parecer, oh, tan espontánea. Una época radiante de hombres que significaban poco menos que nada para mí, de los que no esperaba más que una cerveza o un café, y cualquier cosa más allá de eso – un chico listo, una buena plática - era un extra. Tenía entonces una técnica casi pavloviana, descubierta por ensayo y error, y sabía lo que dirían ante un determinado comentario mío, el modo en el que me sonreirían y las direcciones que las miradas podrían tomar. Evidentemente yo creí entonces que lo sabía todo de hombres. Después sucedió algo… bueno, me enamoré como un becerro, fue lo que sucedió y descubrí entonces que no sólo no entendía nada de hombres en general, sino que tampoco entendía nada del hombre particular del que me enamoré, y que todo eso de que son más simples y sensishos que las mujeres son patrañas. Los hombres son horrendamente complicados; claro que nunca lo aceptarán, porque todo es parte de una conspiración para confundir mis ya obsoletos conocimientos acerca de los hombres. Jah. Bueno no por eso, pero no lo aceptarán porque quizá de verdad no se dan cuenta de lo complicados que son.

De hecho durante mucho tiempo creí que yo era como un hombre* (mentalmente, obvio, no del físico) porque tiendo a ser muy simplota con lo que quiero y lo que no. Pero, no sé, como que uno se enamora y termina siendo una maraña, así que al final descubrí que no sé ya ni como soy porque creía que era como un hombre, pero los hombres no son lo que creía, ni yo soy lo que creía; y cuando caí en la cuenta de todo esto ya había pasado un montón de tiempo en el que mi práctica, mi estudiado método ya se había atrasado en las actualizaciones, así que tampoco los hombres que no me importaban eran lo que yo creía, decían cosas que no les creía y bueno, mi escasa fé en la humanidad (y específicamente en esos seres con pene) un poco se descompuso permanentemente.

Ahora sé que probablemente no los entienda nunca, y haber ya racionalizado todo eso me sirve para un carajo porque los hombres siguen siendo, desgraciadamente, tan asquerosamente necesarios… Osh. Estúpidos y sensuales hombres. Me he estado actualizando últimamente en eso de los hombres, lo que es quizá una tarea inútil porque no parece tener mucho sentido actualizarse en algo que de entrada no se comprende, pero bueno, los hombres son de hecho tan absurdos que ya que más da lo que haga.

Vengan de nuevo los días felices.









*Eso explicaría también mi irracional adicción a lalola

23 July 2008

Sinceridad

Muero de ganas de destruirle su mundito que espero sea perfecto, sólo para regocijarme en su dolor, después de haberme únicamente tenido que revolcar en el mío.

Quiero que llore todo lo que yo decidí que ya no lloraría por él, porque logré convencerme a mi misma que no valía la pena; aunque me hubiera hecho mucho bien. Quiero que su talento le arme una rebelión de proporciones mentales épicas o que despierte un día con una lobotomía frontal y que sea absolutamente feliz, como siempre he creído que sólo los inmaculados imbéciles lo son. Quiero que su vida se desmorone y cambie tanto, y tan paulatinamente, que le sea imposible notarlo hasta que no quede de él nada más que sus propios rastrojos inservibles, que anhelo diariamente poder pisotear. Que su estómago arda en una amargura que lo pudra por dentro y que el halo de la putrefacción le seque los ojos y el alma.

Podría ver, pasmada, radiante de felicidad, que su mente elaborara las mismas intrincadas jugarretas que la mía se entretiene elucubrando. Las que no me dejan dormir; las que se pegan a mi almohada como las mañanas de domingo negro en las que el vaho de mi desprecio llegó a arrastrarme hasta su orilla y que la resaca del tiempo agigantó, sin que él se preocupara por notarlo mientras chapoteaba alegre con sus pies mi ahogo.

Ojalá que a su vida, a su piel, se adhieran todos los peores pensamientos de los que me he nutrido hasta ahora –y los que pienso aún albergar, porque queda mucho espacio en éste rencor mío- formando una pesadísima cauda que le impida caminar en su propia existencia, porque es el único modo en el que me parece lícito permitirle vivir dentro de mí.

Y que finalmente quede atónito ante la certeza de que todo esto me es válido, simplemente porque le quise más allá de las medidas de mi propio odio. Porque no se permite a nadie la ingenuidad de creer que el amor no tendrá consecuencias…






…porque aún si todo esto te pasara, corazón,
tienes en deuda toneladas de cariño despilfarrado,
que se perdieron sin entrar jamás en el convertidor de la revancha.

Y porque te seguiré queriendo,
inconmensurablemente,
sólo para ver que algún día sufras más que yo.

14 March 2008

Pneumática y sensiblera misántropa

Ayer fué noche de concierto, con una banda que logró por mucho más tiempo del que había pensado que me olvidara de él. Desde que me puse el gaffete de staff, hasta que terminamos la peda con los chicos de la banda -porque nos corrieron del bar- pude concentrarme en cosas que no involucraban que pensara directa o indirectamente en él. Por un buen rato no odié al mundo y a la gente como desde hace hace un tiempo que lo hago, aunque en realidad todo mi odio tenga sólo un lugar de proveniencia, que irónicamente está muy muy lejos de aquí. Hasta me hubiera enamorado de alguno si la mitad de la banda no hubiera estado muy cansada como para pistear y si la otra mitad tuviera pelo o dientes normales. Jah. Solo me cabía dentro del cerebro la música y el concepto increíbles de los encantadores muditos, que hicieron que me durmirera a las 4 de la mañana, para que a las 7 volviera a estar dormida pero en un salón de clases con un teclado Mac pegado en la frente y que me volara mi visita a Espacio de Arte Lúdico y un día de oficina, sólo para alargar cruda e irresponsablemente mis vacaciones.



Hélos aquí: ¡Pneumus!






Y sí, éste es el post más evidentemente cursi que he escrito, porque resulta que sí soy bien cursi aunque no parezca creíble (los reto a encontrar lo cursi en los posts, si hay, poquito, pero no lo encontrarán); lo que no soy es evidente. Así es pues que BotellaSpecialReservedeBuchanan's, CaguamaIndio27%mas y yo nos despedimos hoy del mundo hasta nuevo aviso. Mientras tanto huiré pronto al Festival Cultural de Zacatecas en lo que cotidianamente llamamos vacaciones, porque soy, oh, tan cultural, y obviamente no porque quiera escaparme de todo y todos ni porque tenga la secreta intención de dejar encerrado aquí mi dispositivo de recuerdos de él.

¡Obvio!



Must see
http://www.pneumusproyecta.com/
www.myspace.com/pneumus

03 February 2008

Odio a los hombres, los coches que se descomponen, los "artistas" y la feria. Hmpf.

El martes mi auto simplemente rehusó prender. Así, de la nada. Y a pesar de que no soy tan neófita en el asunto de las maquinarias (un poco menos que antes, cuando menos), pues la verdad no me interesa en absoluto estar averiguando que es lo que pasa por dentro del cofre de mi coche. Para mi los coches funcionan con la magia de la gasolina, y por eso es tan cara. Además esas son cosas de hombres. Como matar a los ratones que se meten de vez en cuando a las casas, o poner carne en el asador; de hecho prácticamente es casi para lo que sirven los hombres: para que los coches funcionen, las casas no tengan plagas y para poder comer arrachera sin tener que haber quedado toda ahumada. Y para echarse pedos y repetidas y dejar todo tirado. Bueno y para coger... bueeeeno y a algunos a veces si los quieres. En fin, el punto no es ese, sino que mi coche nomás no encendió, y evidentemente ya no iba a llegar a clase de 7, pero el problema principal es que ese día tenía cita con una galerista para que viera mi portafolios, mis cuadros y tal, y sin coche probablemente no iba a dar con el lugar, así que con el último aliento de mi batería dejé el coche en el taller y dejé todo arreglado para ver si me lo podían llevar a la escuela a mediodía.

Y sí estuvo, y pude llegar a tiempo con la galerista que resultó declarada enemiga de los "artistas" (bajo ésta denominación se incluyen a las personas que cuando les preguntas que qué hacen, te contestan con el cuello muy parado "soy artista visual", "soy actor", pffff, pobrecitos), por las razones que yo también odio a los "artistas", son una mafia, un desfile de egos, peleas a lo estúpido, extravagancias sin sentido, presunción y la mayor parte de las veces muy poca sustancia. Pero en éste caso, que concordaramos era contraproducente, porque ella el año pasado decidió retirarse de la onda de ser galerista, y de hecho me dijo que en otras condiciones si hubieramos tenido esa plática, dentro de unos seis meses ya tendría una exposición personal y así. Pero a final de cuentas muy bien, me ofreció contactarme con otros estudios y galerías donde podrían quedar bien mis cuadros, me dijo que podía ayudarme a hacer trabajo curatorial y me dió consejos de giros que le podría dar a mi trabajo. Luego me fui al trabajo y regresé a la escuela a mi clase casi nocturna con un grupo de puros mercadólogos (medio tontitos, bien divertidos)

El miércoles en la mañana mi coche no prendió de nuevo. Entonces hablé al taller, enojada. Me trataron como estúpida, como si por el hecho de estar chica y ser mujer tuviera que ser a priori una estúpida. Si por mí fuera todos los hombres y sus pendejas ínfulas de saberlo todo de automóviles pueden comer un pedazo de mierda e irse directo al infierno. Entonces me puse a moverle ahí, con toda la intención de escupirle en la cara al primer hombre que se ofreciera ayudarme. Logré que prendiera y lo llevé a otro taller, tratando de poner cara medio amable. Me dijeron que tenía que cambiarle la batería, y les dije que pues la cambiaran. Se tardaron aaaaaaños, se quejaron como nenitas de no poder quitar tornillos y ondas así, y ya, me fuí con batería nueva y sin dinero.

El jueves en la mañana guess what?, el coche no prendió. De nuevo. Cuando chequé la batería, los dos cables de un lado estaban salidos. Pu-ta-ma-dre. Los metí, azoté el cofre, estaba harta de tener que perder tiempo de mi día en cosas automotrices, me fuí a la escuela, todo funcionó medio bien, regresé al depa a comer, salí al trabajo y cuando pasaba por enfrente de la abominación más abominable de la ciudad, la Feria...



... se me apagó el coche. El de atrás, evidentemente, casi se estampa comigo, porque ¿cómo sabes que al de adelante se le apagó el coche si no tiene intermitentes ni stop? Además eso debió haber sido una burla divina, porque sólo Dios sabe cuanto realmente odio la Feria. Tiene todo lo malo, merecería un capítulo aparte pero tanta bilis en una misma semana probablemente me mate, así que, otro día, con más calma... Así que bueno, abrí el cofre, le metí los cables a la batería, y decidí mejor no ir al trabajo para llevar el coche al taller. En Malecón (vía llena de subidas y bajadas) se me apagó de nuevo el coche, y de nuevo el de atrás casi se estampa conmigo. No necesito decir que mi nivel de estrés estaba un poco saliendose de control, así que cuando llegué al taller la conversación fué así:

- ¿Ya la atienden señorita?

- No.

Cara muy seca. Siempre me han dicho que tengo cara de muy mamona, pero en realidad es que en mi cara es muy evidente lo que me está pasando. Triste me veo muy triste. Contenta muy contenta. Y enojada... bueno pregúnten a quien me ha visto enojada. Misteriosamente cuando estoy seria me veo mamona, pero bueno, ahi lo tienen, esa es la primera impresión que doy.

- ¿En qué le podemos servir?

- Ayer compré aquí una batería, y la instalaron, pero cuando venía en el camino se le salieron los cables. Dos veces. Quiero que arreglen eso, porque estuvieron a punto de chocarme, dos veces.

- A ver, permitame tantito.

Salió el hombre que había instalado la batería. Se puso a acomodar y apretar, con una jetota.

- No te recomiendo que lo dejes medio mal otra vez, porque ahorita no me pasó nada, no choqué, pero si hubiera chocado a quien iba a venir a demandar es a ustedes.

- Pues no hubiera procedido su demanda

Jajajajajajaja! ¿De donde le salió al mecánico ese vocabulario?

- ¡No mames! ¡Mecánico y abogado! Debe haberte ido muy bien en la vida, debes ser muy listo y muy hábil para que tengas que pelearte conmigo por un pinche tornillo que ayer no apretaste bien.

- Pues mire, señorita, su coche blahblahblahblahblahblahblah.

- ¿Sabes qué? Limítate a arreglarme eso, que no tengo tiempo para estarte oyendo.

Aquí el mecánico puso esa cara que luego la gente, cuando quiere ser, oh, tan sarcástica, pone, que es como con las cejas levantadas, la boca más abierta de lo normal, moviendo poquito la cabeza de izquierda a derecha.

- Solo le voy a decir, señorita, que aquí la corriente... ¿Si sabe lo que es la corriente?

Puta. Aquí si me enchilé. Lo siguiente fue dicho en tono muy enojado, y probablemente muy despectivo.

- Mira pendejo, no estoy estúpida. No acepto que la gente me hable como si estuviera estúpida, y mientras tu sigas teniendo el dinero que te pagué, aquí tu sigues siendo un pinche mecánico y yo una cliente. Ve y háblale a tu jefe. Muévete. Y ya no toques mi coche.

El jefe fué. Se disculpó. Terminó el trabajo. Me fuí y el coche ya no se apagó. Mi mamá muy oportuna me marcó cuando estaba parada en el semáforo; después de tanta acumulación de estrés, de casi matarme dos veces, lloré impúdicamente mientras un monito me ofrecía unas bolsa de garapiñados, de 2x15. Me fuí a la escuela porque tenía que editar un video, llegué a mi clase con mercadólogos y me alivianaron un poco con sus tonterías.

Cuando llegué al depa no había luz...

Perfecto. De todos modos ya me iba a dormir.

12 January 2008

De como la vida normal puede convertirse en porno chafa (...y debería de)

- Ah, veo que tiene ud. un problema, y hay que destapar su cañería.

- Sí, así parece.

- Muy bien (acercándose), sólo hay que hacer un poco de presión aquí

- Mhahjá

- Con la herramienta apropiada

- Mhh, ya veo... ¡Uy, qué grande herramienta!


(etc, etc, etc)


El lunes pasado estaba en casa de una amiga, y su bomba del agua, por razones misteriosas, dejó de funcionar. Había que llamar al plomero.

Normalmente cuando hablas al plomero, esperas exactamente lo opuesto a lo que son los plomeros de las películas porno: gordo, calvo, con la raya de las nalgas asomandose por encima del pantalón mugroso y demas adjetivos repulsivos que se le puedan achacar a un plomero. Pero gracias a dios y a su asombrosa habilidad para convertir partes de mi vida en un gran absurdo; el plomero que llegó (y que habían sacado del directorio telefónico) era como la versión güera de Gael García. Lo juro.

Después de que todos babearamos por un rato (yo, mi amiga, la otra amiga que vive con ella y un amigo gay) caí en la cuenta de que la cara del plomero se me hacía conocida. No, no porque se pareciera a Gael García...

Y ya cuando se iba recordé.

El plomero sexy era un wey con el que yo llegué a salir al cine o algo así, una o dos veces, cuando estaba en prepa. Uhh. Ages ago. ¿Cómo es que terminó siendo un plomero? ¿Porqué sigue siendo tan guapo? ¿Qué habrá sido de sus hermanas, que yo conocía también? ¿Quién era el señor que había llegado con el? ¿Su chalán? ¿Su papá?; pero sobre todo ¿Porque no todos los plomeros, albañiles, policías, bomberos, tránsitos o choferes de camión son como el?

Supongo que porque entonces todos nos dedicaríamos a coger y no a hacer lo que tenemos que hacer, y las bombas nunca se arreglarían y los únicos incendios que se apagarían serían los que luego ciertas mujeres sienten en la vagina.

Hm. No suena a un muy mal mundo, después de todo.


Sólo por si no lo creían (porque nadie me lo creyó cuando lo conté), aquí va la foto del plomero sexy, cortesía de la chica con la bomba desarreglada.