21 May 2009

El Señor

Muy esporádicamente me paro en el McDonald´s que está a dos cuadras de aquí para ordenarme un fabuloso combo de comida chatarra a un precio y velocidad aceptables para las 2 de la tarde, muy a pesar de que los McDonald’s me hacen sentir tonta: con sus charolas brillantes y mesas tan plastificadas como la comida, donde uno nunca cabe bien y no se está agusto. Cuando busco con la mirada un lugar donde sentarme, siempre me tropiezo con un señor de poco pelo, lentes de diseñador (para el adulto contemporáneo), pantalón de gabardina y camisas de manga corta, que se sienta en la misma mesa justo entre la sección de niños y la de grandes. Suficientemente lejos de los juegos como para que los niños no le molesten, y suficientemente lejos también de las filas y las conversaciones de adolescentes y adultos que da la impresión de que juzga sosas.

Apretando con una mano un vaso grande de café, como para evitar que se le escape y con una Mont Blanc en la otra se sienta a resolver los crucigramas del periódico del día. No lo he visto nunca dar un sorbo a su café, ni levantar la mirada del periódico y tampoco lo he visto preguntar a nadie acerca de alguna palabra de origen árabe, de 6 letras que nombra a un almacén o depósito de agua. No conozco su voz. Cuando yo llego lo encuentro ya instalado y siempre me voy antes que él.

Ayer me senté en la mesa de al lado. Por mera curiosidad. Después de acomodar una palabra en sus cuadritos, levantó la mirada y dejó que se le perdiera en la calle, a través de la ventana; tristísima. Suspiró y volvió al crucigrama.

Se me ocurrió que con la rotación de personal que hay en los McDonald’s, si el señor decidiera un día ya no hacer sus crucigramas ahí, si de repente le gustara más el Italian Coffee de la otra esquina o si se muriera, muy pocos recordarían al personaje solitario que todos los días se sentaba en la misma mesa. Con mi mala memoria y las pocas veces que me paro yo por ahí, probablemente me sucedería lo mismo.

Seguramente es por eso que le escribo un texto, que no hará más triste su mirada ni le sacará una sonrisa, porque nunca lo leerá.

13 May 2009

DF II

Título alternativo: "Había olvidado cuánto odio el DF"

Hace mucho tiempo que mis visitas al DF eran todo restaurantitos de Polanco y bares de la Condesa, y en aquella época me agradaba pensar en un par de días de visita allá. Después cambian las cosas y tal; y ahora yo tengo intentos de vacaciones suicidas a la primera provocación de más de un día libre de trabajo consecutivo, así que me fuí al DF. A sufrir, básicamente, que no creo que se pueda hacer otra cosa allá, y es que de verdad todo es tan feo, que no entiendo como logra tanta gente vivir ahí. Además no han mejorado ni poquito desde la última vez que fuí: la ciudad sigue siendo mayormente horrenda y sucia, el cielo sigue siendo super gris y con toda la densidad poblacional que tienen, la taza de hombres guapos es una burla. Entre tanta gente tendría que haber miles de guapos. ¿Dónde están? Nunca los ví. El metro sigue siendo una pesadilla móvil y el tiempo que te tardas en llegar a cualquier lado es absurdamente mayor al que estás en el lado al que tenías que llegar.

Ésta vez además fuí a comer caldo de gallina a la UNAM y fué lo único que me gustó de la UNAM. Y luego decidimos que la mejor idea de como pasar el día era pedir instrucciones a los chilangos para que nos hicieran llegar siempre a lugares a los que no queríamos/necesitábamos llegar. Yo quería comprar un regalo de prestigio, ya saben, para que no cupiera duda de que había estado en el DF y encontré el mejor lugar (yo solita, sin indicaciones engañosas de ningún chilango)

Obviamente, me bastaba con que los regalos fueran la mitad de prestigiosos que el letrero.

Luego pensé que quizá los regalos no me cabían en la maleta, y también dí con el lugar ideal. Ah, éstos chilangos de verdad lo preveén todo. Hasta los nada chistosos juegos de palabras.

Si luego uno tiene antojo de pelucas feas, en maniquíes (¿Se llaman maniquíes aunque nomás sea la cabeza?) que dan miedo, también se pueden conseguir. No sin antes vagabundear sin sentido gracias a super erróneas indicaciones.

Entré también a un lugar que hubiera sido el paraíso. Hace unos 7 u 8 años, cuando recién descubría bazares y compraba cosas que creía baratas aunque no lo eran tanto. Hoy éstos lugares son básicamente sinónimo de cansancio.

Lo único bueno es que tienen muchos libros de la muy-difícil-de-conseguir editorial Alfaragua.
Ésta editorial entrega un premio Alfaragua cada año, y le publica a muy conocidos autores como Cralos Fnuetse, Jvaier Mraisa y Jeso Samarago... por mencionar sólo algunos.


En uno de los muchos trayectos, una de mis mejores amigas (bien leonesa pero que no quiere aceptarlo porque ahora vive en Guadalajara y dice que ama el DF) y yo discutíamos acerca de lo horrendo que es el DF y su argumento era que el DF tenía "algo" que no tenían otras ciudades. Y le doy toda la razón. Hay algo ahí que no hay en otras ciudades... y en todas las otras ciudades, del mundo y no sólo de México, hay siempre algo que no hay en el DF. Que la capital del país tenga tanta gente y por ende mucha más oferta de "cosas que hacer" no significa en lo más mínimo que sea un hermoso lugar. Significará simplemente que es un lugar con más cosas que hacer, pero siempre menos tiempo de hacerlas. Me caga por eso que se me piense como pueblerina, simplemente porque no acepto que vivir en las condiciones horribles en las que se vive ahí, sea un estándar chido.


Y ya.


Bueno, independiente a mi ira contra la capital, la gente que he conocido es chida (dejando de lado lo chilango). Podría argumentar que por la densidad poblacional, claro que tendría que toparme con alguien chido... pero no lo haré. Lo es y ya.





Dejo, para cerrar, una bonita imagen; porque yo soy así de bonita persona.

29 April 2009

Papelito

Un pequeñuelo cuento

Después de años caminando por las mismas calles de adoquín cada mañana había aprendido a estimar todo: las colillas tiradas, los chicles a los que todos los zapatos les habían ya pasado por encima y a los indigentes con sus rutinas, tics y pestes: el que maniáticamente se llevaba el cepillo de dientes a la boca, sin dientes; el que tiraba golpes involuntarios a la gente que pasaba junto a él, la señora que insultaba sin distinciones a personas, cosas y microorganismos y a la que escribía sin parar en una libreta, sin ver la pluma ni el papel, como si estuviera justo en el medio de un éxtasis religioso.

"Patrañas que ha de escribir", pensaba sonriendo poquito, en pequeño, mientras la veía mover la mano mecánicamente con un boligrafo de tinta rosa del que todas las letras salían del mismo tamaño y alineadas aún sin que ella se dignara mirar de reojo la libreta en la que escribía tanto.

Nunca alcanzó a leer ninguno de los textos de aquella mujer, y a pesar de que los descalificaba, se le podrían en las entrañas las ganas de saber lo que decían. Por ninguna razón más que porque se le podrían en las entrañas también las ganas de escribir algo que se le atoraba entre el esófago y la tráquea pero no sabía cómo. Algunas mañanas mientras pasaba caminando junto a ella se esforzaba por encontrar con la mirada alguna hoja suelta que hubiera perdido, pero de alguien tan maniático como aquella indigente resultaba iluso esperar una distracción así.


Ella me platicó un día que era, más o menos, lo que no podía escribir. Hizo gestos grandes con las manos y sonrió cuando lo dijo, se le pusieron los cachetes rojitos cuando me contó de la indigente que escribía, y me hizo prometer que no contaría nada.

Y bueno... realmente no lo estoy haciendo.

27 April 2009

Aventura por México

En un lejano reino, inalcanzable a las manos del maligno espíritu de la Influenza, pero imbuído de niveles de estrés desconocidos para los humanos comunes y corrientes al que me gusta de vez en cuando llamar "El Trabajo" o "La Oficina" llegaron hace un par de días caballeros andantes que recorrían el reino en busca de magnas aventuras. Dotados de niveles de no-guapura, no-inteligencia y si-apestosismo insospechados decidieron acuartelarse en las instalaciones por las que corro diariamente. Sus nombres eran Jaime Camil y Jorge Poza.





Y no vivieron felices por siempre.
The End.

16 April 2009

Elegancia total

Recientemente me he encontrado con problemas para hacer evidente mi elegancia natural, así que pensé que tendría que conseguirme quizá un carro, un guardarropa o un departamento más elegantes, hasta que en la fila del super (donde uno encuentra lo mejor de la literatura publicada mensualmente), dí por casualidad con que de verdad necesitaba. Un peinado elegante. ¡¿Cómo nunca se me ocurrió?! Misterio.

No solo elegante, sino también casual y sofisticada... por si me cabía la menor duda
Para parecer un elegante conehead

Elegancia y cholez se conjuntan en ésta práctiquísima creación veraniega

Bueno, no tan elegante (aunque estaba dentro del mismo super) pero es medio cute.


Igualmente elegante, aunque de hace un buen rato, es éste video (que no pude embeddear) aunque la elegancia no es lo mismo hoy que hace 12 años.

Ahora sólo necesito que alguien me saque de la duda: ¿Es normal que la elegancia produzca carcajadas, verdad?

10 April 2009

Semana Mayor

Me estoy honestamente pudriendo en envidia de saber que todos tuvieron vacaciones en el mundo menos yo. Y odio a los vacacionadores por el simple hecho de que yo no soy una. Hasta consideré con seriedad volverme completamente religiosa para decir en el trabajo que ¡CómoVoyACreerQuéTengaQueTrabajarEnViernesSanto! pero ese plan tendría que haberlo pensado hace meses para ir soltando esporádicos comentarios como "Si, el domingo que andaba en misa..." o algo por el estilo. Osh. Estoy tan enojada con el mundo que no puedo ni verbalizar adecuadamente todo mi odio.

Y como todo-mundo está de vacaciones, pues he tenido que mantenerme saliendo con mis amigos vacacionadores que también merecen un poco de mi odio, y levantándome todas las mañanas siguientes a trabajar, mientras que ellos se dedican a dormir como buenos cristianos.

Con todo me he divertido mucho, como en mis buenos y casi nada lejanos días universitarios de farra, de los que -cual debe ser- tengo solo imágenes borrosas y registros al azar:

El lavabo más bonito del mundo

Me caga ir a buscar fiestas en granjas lejanas; nunca hay referencias, uno se pierde: "¿Cerca de dónde?" "Cerca de unos árboles y un baldío"...

De repente también hay lugares donde a uno le desaparece la cabeza y le aparece en su lugar un sólo ojo gigante.




Ahora estoy taaaan cansada que de verdad necesito unas vacaciones.



Esperen...

05 April 2009

Me senté con una sonrisa estúpida simplemente a leer lo que nos escribimos durante tanto tiempo. Sigo pensando, aún sin quererlo ni planificarlo, que algún día le voy a poder enseñar mi vida, mis garabatos, mis rincones y hacerle un espacio entre mis espacios.

Supongo que todavía...
...aunque lo piense tanto antes de textualizarlo. Aunque no quiera ponerle un nombre para que de ello no quede constancia.

28 March 2009

Con el apagón, qué cosas suceden...

Hoy es esa onda de que hay que apagar todos nuestras luces durante una hora para pelear contra el calentamiento global, y blargh, me da una flojera tremenda toda la gente que intenta salvar al mundo.

El mundo es horrible y se terminará algún día ¿Qué más dá si desconecto o no mi refrigerador?La verdad que siento penita por los amantes del mundo, que intentan que éste sea un mejor lugar, me da penita que exista gente tan naive y tan llena de buenas intenciones, y me dá muchamuchamucha más penita que me regañen por no querer salvar yo también al mundo.

En fin, si les interesa, creo que es a las 8 esa ondita. Yo, but of course, me seguiré quejando del calor y de que mi piel es muy blanca para soportar los rayos UV

27 March 2009

Ay, cositaaaaaas

¿Qué pedo con ésto?

Creo que me invitaron tan secretamente a participar en Recolectivo que ni siquiera escribí nada y bueno, ahí están los resultados escritos feamente por alguien que ciertamente no soy yo.


Ahora me siento....

No, no siento nada.



Sólo tengo algo que decir:
¿Y mis 50,000 pesos qué? ¿On tan?

19 March 2009

La ciudad y el absurdo VIII

Estoy al borde de la muerte, o estaba, en la mañana; tanto que no fuí a trabajar y me puse tristísima por no poder ir a aguantar a mi jefa-la-demente durante todo un largo día de enfermedad. He tosido tanto que creo que ya se me salió el alma (sí, el alma) y me urge que alguien me mate ya o que me alivie, con tal de dejar de toser y no volver a tener fiebre nunca; y he dormitado todo mi mocoso día en el que además llovió, porque Dios me odia y le parece lindo mandar horrenda lluvia cuando yo estoy enferma.

Y sucede que si uno medio-duerme todo el día, ya a las 11 de la noche no tiene ni poquito sueño y le dá por encontrarse fotitos por ahí en su compu.

The Doors, claro, que si estuviera más arriba tendría que decir The Windows

De hecho es más triste estar de enferma como estoy yo. He dicho.


Claro, es lo lógico, enjuagar la basura antes de depositarla. No sé ni para qué necesitaban un letrero.
Cuando me alivie voy a ir aquí a comprobar que soy una sobreviviente.

- ¿Puedo rentar sólo éstos 2 metros?
- ¡No! ¡Tienes que rentar el EDIFICIO COMPLETO!

Natalia es lo más cercano que en la oficina tenemos a un amigo-refrigerador. Nos provee de Cheetos fríos, chicles tiesos, donitas espolvoreadas refrigeradas, y but of course, refrescos agitados.

Un día no fué mi jefa-la-demente a trabajar y les hice a mis compañeritos un recordatorio, para que no la extrañaran.


09 March 2009

La ciudad y el absurdo VII

El otro día pasé por el Centro. No recuerdo exactemente qué otro día, quizá hace ya muchos otros días y otros y otros. Andaba tristona y me sentía medio ignorante; afortunadamente el sábado pasado le ayudé a un amigo que estudia psicología con una de esas pruebas que tienen dibujitos y miden la inteligencia y resulta que soy bien inteligentota; soy más inteligente que 94 de 100 personas... pero aquella tarde, caminaba con el peso del mundo y de mi ignorancia de él.


Y no, no sabía

Luego quise saber más o menos cuánto pesaba toda aquella pesadumbre. Pensé, en mi ignorante cabecita de aquel día que las pesadumbres podían pesarse y que su densidad evidenciaba también la densidad de cada uno.



Snif.