Y hacen concursos de disfraces/baile masivos en el Centro:
Son más mexicanos que un charro con influenza porcina
Y son los reyes (hasta históricamente) de los letreros chistosos.
Sayulita es un pueblito chiquirrín con una misma calle que entra y sale del pueblo y le da la vuelta al kiosko; donde las calles están dominadas por los perros callejeros, donde no existen los Oxxos ni aceptan tarjetas en ningún lado. Un pueblito, vaya. Un pueblito playero donde no existe ni un sólo hotel grande, donde recorrer caminando toda la bahía toma cuarenta minutos, que como es realmente pintoresco está ya habitado básicamente por extranjeros. Y perros. Donde aprendí a no-surfear-y-si-caerme-chorromil-veces con australianos. Donde tomé mate con una uruguaya y platiqué de historia con italianos. Un pueblito donde siento que tuve mis vacaciones menos suicidas de todas, aunque en la práctica pudieron haber sido las más.
Descubrí que mi verdadera vocación es alimentar mosquitos. Los mosquitos me aman, nunca me dejaron sola. Aún están los rastros de mis noches con ellos sobre mi piel...
Como en Sayulita todo es tranquilidad, no entienden mucho de política y mejor hicieron un logo como si Zapata hablara "¡¡Campesinos de América, Uniós'n!!"
Meh
El trajeado chopper y coqueteador por el boulevard.
¡Ayyy, ternuritas! ¡Dibujaron los perritos!
Así se veía mi oficina anterior (una de muchas, dentro del mismo lugar donde trabajo) cuando eramos judíos errantes de los escritorios y peleabamos por centímetros cuadrados de mesa para poder trabajar.
Mucho antes de que imaginaramos con felicidad los días de influenza, éste ser me presumía sus máscaras rusas de guerra que huelen a liga con la que le aprietan el popote a los refrescos de bolsita
Nubes cuadradas y con huecos rumbo hacia mi Alma Mater
Foto que valdría millones si estuviera nítida: Juan Camilo Mouriño con unas reinas de algo. En Dolores Hidalgo, dando el grito.